Josep Boule, nacido en 1822 en Villecomtal, en el sur de Francia, creció en una familia muy pobre que no pudo costear su educación primaria. A los veinte años, en 1841, emigró a Cataluña como parte de un grupo de leñadores dedicados a la explotación forestal. En esta nueva etapa de su vida, la prosperidad del negocio le permitió ahorrar, solicitar crédito y fundar su propia empresa maderera, que resultó ser un gran éxito.
Más adelante, abandonó la industria de la madera para centrarse en el negocio del vino.
En este sector, fue un pionero capaz de competir en la exportación de vino tinto a Inglaterra, Argentina y Brasil, mercados que hasta entonces solo recibían exportaciones andaluzas de vino de Jerez.
Su estrategia de expansión estuvo tan bien planificada que comenzó a invertir en propiedades que, con el tiempo, se convirtieron en edificios emblemáticos y, en algunos casos, en barrios enteros. Entre ellos destacan el edificio de la sociedad El Círcol y el Teatro Fortuny, Ca’l Boule (posteriormente la escuela Maria Cortina), Mas de Boule o Quer (que luego dio origen al barrio Fortuny), los terrenos que posteriormente conformaron el Barri Niloga, la Casa Quer, entre muchas otras propiedades.
De convicciones republicanas, fue uno de los firmantes del manifiesto fundacional de la Asociación Catalanista de Reus. Su mentalidad abierta le llevó a recibir a Amadeo I en 1871, a Alfonso XII en 1877 y al ministro de Gobernación Aguilera en 1894, quien le otorgó las órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, distinciones que nunca ostentó. Un año antes de su fallecimiento, vendió su negocio de exportación de vino a su yerno Ramon Mayner, esposo de su hija Isabel.
Su riqueza era famosa en toda la región, hasta el punto de que cuando alguien quería expresar que no podía permitirse algo decía: “No soy el Boule”, y cuando alguien gastaba mucho dinero se le decía: “Esto es de Cal Boule” (pronunciado Búla).
Josep Boule fue un hombre que siempre colaboró en proyectos locales y benéficos, además de ser accionista en todas las grandes iniciativas de Reus, entre ellas el Banco de Reus, el Teatro Fortuny, el Carrilet de Reus-Salou y Gas Reusense.
Entre las curiosidades que rodean su figura, se rumorea que, aunque su éxito empresarial le permitió consolidarse dentro de la burguesía reusense de la época, su fortuna inicial provino de un hallazgo fortuito: una jarra llena de monedas de oro. Sin embargo, este relato nunca ha sido probado y se considera una simple leyenda urbana.